martes, 8 de febrero de 2011

***Capítulo 9: Poderes Ocultos***

   Entramos a la sala de las paredes blancas. Automáticamente fui hacia la mesa y cogí la foto de mi madre. Alcé la mirada. Mark me miraba, serio. Le sonreí; y en sus ojos apareció algo.
-Sam, tienes mucho que contarnos, ¿verdad?-preguntó mi padre.
-La historia que mas me contaba... era la de una chica que poseía grandes poderes y que siempre llevaba con ella un báculo; supongo que era el Báculo de Allégora, y que la chica era ella. Me lo contaba todo con detalles, como si ella estuviera allí... era increíble.
-¿Nos podrías contar tú la historia?
-Sí, hace mucho que no la escucho... pero podría intentarlo.
-Tranquila, hay tiempo. Mañana hablaremos-sonrió-. Pero, Mark...
-¿Sí, señor?
-Quiero que mañana enseñes a Sam a defenderse, ¿podrás?
-Con mucho gusto, señor.
-Y... no hace falta que me digas señor. Los amigos de mi hija son mis amigos; llámame John.
-Está bien..., John-sonrió-. Sam, ¿puedo hablar contigo un momento? Sólo serán unos minutos.
-Claro-le dije. Al instante cogí su mano y me dirigí a la puerta precipitadamente.
   Hasta que no salimos de la sala, no me di cuenta que íbamos cogidos de la mano. Me quedé quieta. Le miré a los ojos; después, nuestras manos unidas... ¡acababa de terminar con Bryan! ¿Qué estaba haciendo? Le solté la mano, pero sonreí.
-Lo siento... soy muy impulsiva.
   Continuamos caminando hacia mi cuarto. Íbamos en silencio, y eso me mortificaba; odiaba el silencio con todo mi ser.
-Mark, ¿desde cuándo conoces a mi padre?
-Desde... hace dos años, más o menos, ¿por qué?-me miró con curiosidad y se me escapó una sonrisa.
-Nada en especial... Si hubieras sabido que era mi padre, ¿me lo habrías dicho?-pregunté dudosa-. Sé sincero.
-Sí. Te lo habría dicho.
-¿Y si él no te lo permitiera?
-Aún así.
   Me confirmó lo que sospechaba, Bryan me había traicionado. Pero, ¿por qué? Mark me lo habría dicho, ¿por qué Bryan no? ¡Esto no tenía sentido!
   Entramos en mi cuarto, él se sentó en la cama y yo me dirigí de nuevo hacia la cómoda. Abrí el último cajón, saqué una caja de zapatos y la puse encima de la cama.
-Mira, aquí están todas las historias que solía contarme mi madre. La mayoría hablan del báculo-saqué todas las hojas. Estaban amarillentas, del polvo.
-¡Están arrancadas de un libro! ¿Sabes lo que puede significar?-le miré confusa-. Has hecho en dos horas lo que tu padre no ha hecho en años...
-A lo mejor, mi madre confiaba más en mí, después de todo; pero el libro no era suyo, lo habría leído de ahí, ¿no?
-No sabes nada del libro...
-Nada.
-Ven, vamos a hablar con tu padre.
   Me cogió de la mano y me llevó hasta mi padre. Llevaba las hojas en la otra mano, cuando mi padre las vio quiso verlas.
   Se pasaron toda la noche hablando del báculo, comentando las historias y haciendo planes para los próximos dos días. Yo estaba tan cansada que apoyé la cabeza en el hombro de Mark y cerré los ojos. Sentía que me miraba, pero no me atreví a mirar.
<<Buenas noches, Sam>>, se me dibujó una sonrisa en el rostro; era Mark.
<<Hasta mañana, Mark>>

   Me desperté un poco mareada. Recordaba dudosamente cómo Mark me había llevado en brazos hasta la cama la noche anterior. Miré a mi alrededor; genial, no había reloj.
<<Mark, ¿estás despierto?>>
   No me contestaba.
<<¡Mark!>>
<<Ahora sí>>, le notaba adormilado.
<<¿Sabes qué hora es?>>
<<Las... ocho menos veinte>>
<<¿Qué?>>, dije incrédula. <<Mark, tengo que irme>>
<<¿A clase?>>
<<No; necesito irme... no soporto este lugar... Pero no sé exactamente como salir de aquí>>
<<Piensa en la roca del lago, concéntrate en ella; y, cuando notes su calor... pídele que te lleve a tu cuarto>>
   Cerré los ojos. Me concentré en el internado, en el lago y, más concretamente, en la roca situada justo debajo de la cascada. Vislumbré una superficie azul y un brillo sobrenatural, que se percibía desde lejos. Noté el cosquilleo del calor de la piedra en la punta de mis dedos. Estaba en medio de la nada, todo era blanco... excepto el agua. Me concentré aún más pero la piedra me dio una negativa. Comprendí que me pedía un destino, un lugar en el que dejarme.
<<Mi cuarto en el internado>>, pensé.
   Noté cómo mi cuerpo se desvanecía y, luego, cómo subía a la superficie desde un mundo lleno de luz. Abrí los ojos. Estaba tumbada en mi cama. En una esquina de la habitación se encontraba Laura, mirándome fijamente.
-Sam, ¿de dónde has salido?-preguntó asustada.
   Me senté en el borde de la cama, ¿qué le decía yo ahora? ¿Que una piedra mágica me había traído? Me reí sólo de pensarlo.
-Laura, he estado aquí todo el rato-no me gustaba mentir, pero a partir de ese momento debería hacerlo continuamente.
-¿Ah, sí? Pues no te había visto-dijo confusa.
-Estás durmiendo aún, Laura.
   Las dos nos echamos a reír.
-Lo siento, oye... ¿hoy no vas con Bryan a desayunar?
   Me quedé de piedra. Bryan. De nuevo salía el tema. Bryan aquí, Bryan allá... ¡Bryan hasta en la sopa!
-No-dije triste-. Se ha ido.
   Una lágrima traviesa rodó por mi mejilla.
-Sam, lo siento... yo... no...-tartamudeó.
-Tranquila, ¿vamos a desayunar? Necesito distraerme.
   Asintió. Cogí el portátil y salimos de la habitación. Caminamos en silencio hasta la cafetería, odiaba el silencio pero necesitaba pensar. Esto, en ese momento, era lo mismo que llorar desconsoladamente.
   Llegamos a la cafetería, no sentamos en la mesa de la noche anterior. Encendí el ordenador y Laura fue a por su desayuno. Puse la contraseña. Me estaba poniendo nerviosa; conté hasta diez. 1... Laura venía con dos bandejas; 2... se sentó a mi lado; 3... me pasó mi bandeja; 4... su bandeja cayó al suelo; 5... me estaba poniendo de mal humor; 6... todos comenzaron a gritar; 7... ¡Relajación, Sam!; 8... iba a estallar; 9... alguien entró por la puerta; 10... ¡no servía de nada!
   Unas manos frías como el hielo me taparon los ojos.
-Mark-dije. Escuché una risa suave y cantarina cerca de mi oído.
-¿Cómo lo sabías?
   Me encogí de hombros. Le cogí una mano y la puse en mi mejilla.
-Siempre estás frío-sonreí.
-Verdad-sonrió a su vez.
   Se sentó a mi lado. Laura miró a Mark como solía mirar a Bryan, me enfadé. Miré fijamente la pared de enfrente. Todo comenzó a ponerse borroso, una neblina blanca ocupó mis pupilas.
-Mark-susurré asustada.
-Sam, tus pupilas...
-¿Qué les pasa?-no podía parpadear.
-Han desaparecido... tus ojos son blancos...
-Mark, llévame con mi padre...
-Está bien.
   Me tomó en brazos y salimos de la cafetería. ¿Qué pensaría Laura? ¿Se habría dado cuenta de todo? Supuse que sí, se había sentado delante de mí.
   Sentía el aire en mi rostro, tenía los ojos abiertos... y aún así no veía nada. Mark me dejó en el suelo, con cuidado. Se tumbó a mi lado y cogió mi mano. Nuestros dedos se entrelazaron. Notaba su mirada clavada en mis ojos.
-Sam...
-Mark, llévame con mi padre... ¡Te lo suplico!
   Cerré los ojos fuertemente. Una lágrima cruzó mi mejilla, ¿por qué todo me pasaba a mí? Necesitaba tranquilidad.
   Mark apretó mi mano cariñosamente, para infundirme ánimos. De pronto, sentí un cosquilleo por todo el cuerpo que me resultó familiar; comenzábamos el viaje. Unos segundos más tarde, me volvió a coger en brazos. Escuchaba voces a mi alrededor. Pronto, se escucharon gritos lejanos...
-¡¡Señor, señor!!
   Me relajé. Ya estaba en casa, en MI casa.
-Mark...
-¿Sí?
-Gracias-sonreí.
   Después de eso me dormí.
 

miércoles, 8 de diciembre de 2010

***Capítulo 8: Conocimiento***

   Me asusté. ¿Qué había pasado? Bryan me puso detrás de él, con un empujón cariñoso.
<<Espera, voy a apagar eso>>
   En cuanto terminó de decirlo, me soltó las manos, se acercó al árbol y juntó las manos. A los pocos segundos apareció una nube muy pequeña y comenzó a llover sólo encima de ese árbol. Me quedé mirando a Bryan. ¿Siempre actuaba así? ¿Tanto se notaba cuando usaba su magia?
<<Bryan, no quiero perderte, pero es mi vida y tengo derecho a saber qué pasó>>
<<Lo sé, pero yo no puedo contártelo. Tiene que ser tu padre>>
-Bryan, ni si quiera sé como llegar hasta él, ¿cómo demonios quieres que me lo cuente?
-El lago-dijo firmemente.
-¿Qué?-estaba confusa, ¿a qué venía eso?
-Puedes llegar por el lago. ¿Recuerdas la piedra con la que resbalaste?-asentí-. Tócala con la mano y piensa en el lugar al que quieres ir. Puede llevarte a cualquier sitio, pero para volver necesitas concentrarte en la piedra y pedirle que te traiga de vuelta.
-Bryan...
-Lo sé, me has dicho que me marche-dijo fríamente-. ¿Necesitas algo más de mí?
   Quería decirle que le necesitaba a él, que no quería que se marchara... ¡Que le amaba!
-No-respondí en el mismo tono, le miré a los ojos-. Puedes irte.
   Pero no me atreví. ¡Era una cobarde, asquerosa!
   Bryan se dio la vuelta y se perdió en la oscuridad. Comencé a llorar. Recordé lo que me había dicho, me sequé las lágrimas con la mano y empecé a correr hacia el lago. Llegué a la orilla, miré a mi alrededor; no podía arriesgarme a que Joe me viera. No había nadie. Entré en el agua. Era difícil oponerse a la fuerza con que me empujaba la corriente.
   En pocos minutos encontré la roca; me sumergí por completo, cerré los ojos y rocé la piedra con la punta de los dedos: pensé en mi padre. Noté que la roca desprendía calor, abrí los ojos y vi cómo brillaba. Como no me llevara pronto me iba a asfixiar. Comencé a dar vueltas, cerré los ojos de nuevo.
   Sentí suelo firme bajo mis pies y volví a abrir los ojos. Estaba en el cuarto con las paredes negras. Alcé la mirada, había cosas de mi antiguo cuarto, supuse que ésta era ahora mi habitación. Cerré la puerta, me dirigí hacia la cómoda y empecé a buscar por los cajones. Buscaba algo, pero no sabía el qué. En el último cajón encontré dos cosas... mi cajita de música de cuando era pequeña y un colgante con forma de S. El colgante de mi madre. Recordé su imagen. Sus ojos marrones brillaban de alegría; era el día de mi 13 cumpleaños. Lo pude ver todo como si volviera al pasado.
   Me habían vendado los ojos para entrar en casa, pero ya sabía que me habían preparado una fiesta.
-Venga, Sam...-dijo mi madre.
-Mamá, sé perfectamente lo que habéis hecho.
-Lo dices como si fuera un crimen, cariño-no podía verla pero sabía que estaba sonriendo.
-Para mí lo es. No es que me mate por ir a las fiestas, mamá.
-Pero esta no es una fiesta cualquiera, es TU fiesta.
-Peor me lo pones-comenzamos a reírnos.
   En ese momento entramos al salón. Mi madre me quitó el pañuelo de los ojos y todos gritaron: "¡SORPRESA!"
   Después de la fiesta, fui a mi cuarto, estaba agotada. Mi madre llamó a la puerta.
-Sam, ¿puedo pasar?
-Sí-contesté, nerviosa.
   Se sentó en mi cama, conmigo. Estuvimos hablando un largo rato de la fiesta, no había estado tan mal.
   Sacó una cajita rosa, con una lazo dorado y me la entregó.
-Mamá, no hacía falta que me compraras nada...
-Te prometo que no me he gustado ni un céntimo-la miré a los ojos, las dos estábamos nerviosas-. Ábrelo-sonrió.
   Abrí la caja... y dentro había un colgante. Era una S bañada en oro blanco y rosa, la cadena soltaba destellos dorados.
-Mamá...
-Era de tu abuela Susan... después fue mío, Sarah... y ahora es tuyo, Samantha. Cuídalo, es muy especial. Así me llevarás siempre contigo.
   La abracé impulsivamente.
   Poco a poco, volví a la realidad. Me puse el colgante y salía buscar a mi padre. Me quedé quieta en medio del pasillo, había silencio; si Bryan estaba ahí no, no se encontraba con mi padre. El único inconveniente de eso era que tendría que agudizar el oído. ¿Sería capaz de escuchar los latidos de mi padre? Ya escuché una vez los del director...
   Me quedé en silencio, sin hacer ruido. Noté la presencia de mi padre... Cerré los ojos. Me concentré en él. Veía el pasillo hasta con los ojos cerrados; las habitaciones pasaban por mi lado, las conté: 7. Tenía por delante siete puertas antes de llegar a mi padre. Abrí los ojos; mientras caminaba sin hacer el menor ruido, pensaba en que ya podía controlar uno de mis poderes, pero no imaginaba que sólo era una pequeña parte del verdadero poder. Llegué a la octava puerta, llamé y escuché atentamente. Nada. ¿Me habría equivocado? Entré, y allí estaba mi padre, sonriente.
-Aquí no hace falta llamar a la puerta, hija.
-Ah...
-¿No le vas a dar un abrazo a tu padre?

-La echas de menos, ¿verdad?-asentí-. ¿Quieres llevarte la foto?
-Sí, por favor...
   Se acercó a mí, me abrazó, me miró a los ojos y sonrió.
<<Sam, puedes venir aquí cuando te apetezca, incluso si quieres estar sola y no quieres hablar con nadie>>
<<Gracias, papá...>> Me fue muy difícil decirle papá.
-Ve a tu cuarto, si quieres; o puedes explorar la mansión.
-Está bien-dije impaciente.
   Salí de la habitación, miré a los dos lados del pasillo y escogí el camino opuesto al de mi cuarto. Estuve caminando un largo rato; observé que no había ventanas. ¿Por qué sería? Todos los pasillos, las habitaciones... esto parecía un laberinto. Cuando creía que me había perdido, encontré una gran escalera de caracol que vertebraba la mansión. Empecé a oír un murmullo apagado. Escuché atentamente: provenía de abajo.
   Bajé por la escalera, no era tan grande como parecía... 10 pisos hacia abajo. Cada vez que descendía uno de los diez pisos, el murmullo aumentaba de volumen, se oía más claro y fuerte. Cuando aún me quedaban tres pisos descubrí que eran personas hablando. Continué descendiendo; 2 pisos. Distinguí una voz masculina que se oía por encima de las demás. Seguí bajando; 1 piso, 43 escalones más. Esa voz, ¿por qué me resultaba tan familiar? ¿Y por qué tenía tanta autoridad? Sólo quedaban 20 escalones. El corazón se me aceleraba... Él estaba de espaldas, pero su pelo largo y negro como el ala de un cuervo era inconfundible... ¿Qué estaba haciendo él allí? ¿También conocía a mi padre? ¡Era imposible!
   Me abrí paso entre la gente, ¿qué hacían allí todas esas personas? Me detuve cerca de él, pero aún seguía de espaldas. La gente comenzó a callarse, otra vez yo sería el objeto de todas las habladurías. Bajé la mirada, incómoda; Bryan y Mark se habían cruzado  por aquí como si nada... Bryan. Se había marchado. no quería que nadie me viera llorar; menos aún por él. Intenté contener las lágrimas, pero no sirvió de nada. Una lágrima cayó por mi mejilla.
   En ese momento, Mark se dio la vuelta y me miró. Le sostuve la mirada. Di un paso al frente, sonrió y me lancé a sus brazos; necesitaba desahogarme, y él me dejó llorar. Me acariciaba el pelo, y eso me producía escalofríos. Si Bryan tenía la piel caliente, Mark era un témpano de hielo.
  Levanté la cabeza, la gente aún seguía mirándome. Pero, ¿por qué? Miré a Mark a los ojos.
-Sam, ¿qué haces aquí?-preguntó algo confuso.
-Ver a mi padre...
-¿Tu padre? El único adulto que hay aquí es... Él.
-Mi padre-la aclaré-. Él es mi padre.
-Entonces, tu eres...
-Mi hija-dijo mi padre desde la escalera. Me abracé aún más fuerte a Mark-. La hechicera, o futura hechicera, más poderosa del mundo.
   Todos me miraron mejor. Mark me sujetó la barbilla, y me miró fijamente a los ojos.
-Señor, ella tiene...
-Lo sé. No tiene quince años, pero ya tiene la Luz en su interior... reflejada en su mirada. Eso significa que dentro de dos días, día 11 de noviembre, partiréis en busca del Báculo de Allégora.
-¡Señor! ¿El Báculo de Allégora? Es imposible de encontrar...
-Eh... papá-intervine-. Creo que sé dónde está.
-¿Sabes de qué estoy hablando?-preguntó sorprendido. Asentí-. ¿Y donde está, pues?
   Saqué el colgante de mi madre, y al instante comprendió.
-La tumba de Sarah...
-Sí. Mamá me contaba historias fantásticas de pequeña. Creo que no eras el único de la familia en tener poderes...
-Mejor vamos a hablar en la sala-asentí-. Tú también, Mark-se sorprendió que supiera su nombre.

viernes, 26 de noviembre de 2010

***Capítulo 7: La despedida***

   Llegué a mi cuarto. Desde lejos, vi que la puerta estaba abierta, y la luz encendida. Me esperaba una gran sorpresa. El director estaba en el centro de la habitación con una chica nueva. Él me miró con curiosidad.
-Hola, señorita Davies. Le presento a su nueva compañera de cuarto: Laura. Espero que se lleven bien-sonrió-. Bueno, yo ya me marcho, buenas noches a las dos.
-Buenas noches, señor-dije.
-Adiós-dijo ella con una vocecita débil y aguda.
   El director se marchó, y Laura se puso a llorar.
-Hola, Laura. Me llamo Samantha.
-Hola, Samantha.
-¿Estás bien?¿Necesitas algo?
-No, gracias.
-En serio, si necesitas desahogarte... todos lo necesitamos alguna vez...-le sonreí-. Debe haber ocurrido algo muy malo para que te pongas así.
-Y tanto.
-¿Quieres contármelo?
-Sí... si no es molestia...
-Para nada-me senté en el borde de su cama y ella me imitó.
-Me llamo Laura, y soy de Madrid-comenzó-. Mi madre y yo vivíamos solas, porque mi padre nos abandonó cuando yo nací. Desde hace dos semanas, mi madre recibía llamadas.
-¿Qué clase de llamadas?
-La llamaban con número oculto y la amenazaban, ella se lo tomaba a broma... decía que seguramente serían unos chicos que se aburrían y habían marcado el numero al azar... pero ayer fue distinto; después de que la llamaran  se encerró en el baño y no volvió a salir. Por la tarde, llamaron a la puerta... y la sorpresa era que era mi padre. Intenté cerrar la puerta, pero me empujó hacia atrás y caí al suelo. Él iba borracho y empezó a llamar a mi madre y a buscarla por toda la casa... Cuando la encontró... la... mató... y yo no llamé a nadie, simplemente me quedé tirada en el suelo...-no podía continuar, lo notaba. Le dí un abrazo.
-Tú no tienes la culpa, Laura. No tenías ni idea de lo que iba a hacer... No te sientas culpable.
-Sam, no me dejan salir para el entierro...
-Ya, a mí tampoco me dejaron.
-¿Tu madre...?
-Y mi padre. Los dos están muertos.
-Lo siento...
-Tranquila, lo tengo más que asumido.
   En ese momento llamaron a la puerta.
-¿Quién es?-pregunté.
-Bryan-dijo desde fuera-. es la hora de cenar, ¿vienes?
-Espera, en seguida salgo.
-¿Quién es él?-preguntó Laura en voz baja.
-Bryan...-dije sonrojándome, desvié la mirada.
-¿Tu novio?-rió.
-Algo por el estilo-sonreí-. ¿Te apetece venir? Siéntate con nosotros.
-Sí-dijo con ilusión.
   Al salir, Bryan se quedó mirando a Laura, no me sentí celosa... ¿qué me estaba pasando? Me vino a la mente el sueño en el que salía Mark... ¿Realmente sucedería eso? Cada vez estaba más segura de que sí.
-Bryan, ésta es Laura.
-En... encantado-¿de verdad tanto le fascinaba? No estaba celosa, simplemente de mal humor. Tenía que distraerme... pensé en coger el iPod.
-Esperad, ahora vuelvo.
   Entré, busqué en la mochila y encontré el iPod... y también una carta.
   Me reúne con Bryan y Laura en la cafetería, se lo estaban pasando genial, según parecía. Me senté, subí los pies a la silla, saqué la carta del bolsillo y empecé a leer:
  Querida Samantha,
como te dije, volveremos a vernos... no te asustes, las apariencias engañan... no soy como todos dicen. 
¡Ah! Una cosa, dile a tu novio que no quiero hacerte nada, no sé por qué cada vez que me ve reacciona tan mal...
Bueno, te espero mañana a las 19:30 en el árbol... en el que te quedaste dormida (no preguntes cómo lo sé). 
Me estoy volviendo loco, ¿sabes? Desde que empezaron a hablar de ti me tienes intrigado. Quiero saber cosas sobre ti. 
El otro día, cuando nos miramos... noté algo, bueno, ya te lo contaré
Adiós...      
                                                                                          ...Mark.


   Una lágrima cayó por mi mejilla, me puse los auriculares y encendí el iPod. Mi canción preferida, un poco triste, sonaba mientras yo pensaba una vez más en el sueño. Después de leer la carta y después de haber soñado con Mark... cada vez estaba más segura de que me gustaba... pero, ¿y Bryan? ¿Ya no me importaba? Recordé los momentos que habíamos pasado juntos: cuando me salvó en el lago, los ratos que pasamos en las piscinas... En menos de media hora todo quedó aclarado. Estaba enamorada de Bryan, ¡le amaba! Mientras aclaraba todos mi sentimientos, lloraba sin control. Bryan me miraba y Laura intentaba distraerlo.
   Me levanté para ir al aseo, necesitaba despejarme. Después de estar allí cinco minutos, llegó Angélica.
-Hola, Sam-dijo entre risas-. ¿La nueva nos está haciendo la competencia?-se puso seria.
-Eso parece-contesté disimulando.
-Sam, si él está contigo no creo que le guste otra-me quedé mirándola, ¿desde cuándo me trataba tan bien?-. Te puedo asegurar una cosa, si él te quiere y tú le haces feliz... no tengo por qué seguir con esta guerra estúpida y sin sentido.
-Eh... Angélica... ¿estás hablando en serio?
-Sí, además... ya tengo otra a la que torturar... y encima nos molesta a las dos. Hay que separar a esa arpía de Bryan... él te ama a ti y no quiero que esa chica corrompa su mente.
-Angélica, ¿me estás diciendo que quieres ser mi amiga? Me estoy confundiendo un poco...
-Sam, céntrate. Somos amigas. Y la chica nueva sobra. tenemos que aunar nuestras fuerzas para sacarla de en medio. Al lado de Bryan debes estar tú y nadie más.
-Gracias, me alegra ver que al fin seas mi amiga.
   Salimos juntas a la cafetería, riendo. Nos despedimos con un abrazo, y todos se nos quedaron mirando.
   Llegué a la mesa, me puse los auriculares y volví a leer la carta... me deprimía infinitamente todo este tema... , y sólo Bryan parecía darse cuenta; aunque en público no quería preguntar.
   En toda la noche no probé bocado alguno. Necesitaba aclarar las cosas... al día siguiente iría al punto de encuentro.
   Nos levantamos para marcharnos, Bryan me cogió de la mano y Laura desvió la mirada. ¿Estaba celosa? 
<<Bryan, tenemos una conversación pendiente aún>>
<<¿Es necesario que sea ahora?>>
   Le dirigí una mirada una mirada asesina.
-Ahora-dije en voz alta.
-Bueno, chicos... yo mejor me voy... Luego hablamos, Sam.
   Esperamos a que Laura desapareciera en la oscuridad para comenzar a caminar hacia el lago.
-¿Por qué estabas llorando antes? La carta que tenías, ¿de quién era?-supuse que sólo era preocupación.
-No es nada-desvié la mirada-. No tienes por qué preocuparte.
   Paramos a mitad de camino. No me sentía con fuerzas de seguir andando. Me senté en el suelo y apoyé la espalda en el tronco de un árbol.
<<¿Estás bien, Sam?>>
<<Sí, no es nada>>
   Cerré los ojos, encogí las piernas y las rodeé con los brazos. ¿Por dónde podía empezar a preguntar?
<<¿Por qué no me lo contaste? ¿Era necesario verme deprimida, moribunda y a punto de morir?>>
<<Sam, lo siento... es que no te lo puedo contar>>
-¿Que no me lo puedes contar? Bryan necesito saberlo. Es mi vida, no la tuya.
-Lo siento-se acercó a mí, me cogió las dos manos, estábamos muy cerca.
-Por favor-me susurró al oído. ¿Tan difícil era dejarme llevar? ¡No! Tenía que conseguir resistirme-. ¿Cuándo te he fallado?
-Cuando no me lo contaste-dije con toda la frialdad que pude-. Cuando me ocultaste lo más importante de mi vida.
-Sam...
-No. Ya no más-estaba casi llorando, cerré los ojos y las primeras lágrimas salieron de mis ojos. En realidad no quería hacerlo-. ¡Vete, Bryan!-grité-. ¡Márchate y no vuelvas nunca!
-Sam...-estaba muy dolido.
-¡Vete!-¿por qué le decía todo aquello? ¡No tenía sentido! ¡Le amaba!
-Sam, no nos hagas esto.
-No te acerques a mí-me iba a estallar la cabeza, me vinieron a la mente de nuevo todos nuestros momentos juntos-. Te quiero, pero no puedo estar con alguien que me traiciona de esta manera-justo después de terminar la frase me arrepentí.
   Le toqué los labios con la punta de los dedos. Necesitaba darle un beso... pero no me atrevía, no quería darle esperanzas. Se fue acercando más aún.
-Bryan-no podía dejar de llorar.
-Por favor, Sam... No nos hagas esto...-sus labios y los míos casi se rozaban-. Sabes que estamos hechos el uno para el otro.
   Me dio un beso...el último; los dos lo sabíamos. Me puso la mano en el cuello y me dejé llevar... Mis manos, apoyadas en el árbol, empezaron a irradiar calor... y el fuego comenzó a extenderse por el árbol.